Ganas de crecer

Doña Luz Dary Gaviria habla un poco enredado, pese a ello, después unas palabras, su interlocutor es capaz de entenderle la mayoría de lo que dice. Tiene 40 años, gran parte de los cuales los ha dedicado a vender confites en los buses y a trabajar en casas de familia. Hace 7 meses consiguió un carrito de bebe el cual adecuo y llenó de confites, galletas, papitas y cigarrillos para vender en el centro de Medellín.
Doña Luz Dary llegó hace más de treinta años a Medellín, venía de la Guajira con su padre y ocho hermanos más. Se asentaron en esta ciudad porque acá vivía la abuela materna quien fue la que ayudó a levantar la familia, (la madre de doña Luz Dary la abandonó a ella y a su familia, estando todos muy pequeños).
Hace muchos años, cuando se inicio como ventera, lo hizo vendiendo chiclets y galletas en los buses. La primera vez que se subió a un bus no fue capaz de ofrecer sus productos, recuerda con risas que lo único que hizo fue reírse, “no me aguante las ganas de reírme”. No sabe cómo, pero ese día vendió todos los chiclets y las galletas y de ahí en adelante cogió confianza y desde entonces no ha parado de vender en la calle.
Con su carrito baja todos los días desde el barrio Villatina donde vive con su hija, su yerno y su nieto. No tiene carné de ventera por lo cual le toca correrle todo el tiempo a los de espacio público, eso la aburrió de los otros sectores del centro y por eso hace 2 meses se vino para el parque de San Ignacio donde “no la joden tanto”.
Su casa es de tablas pero propia, pues las ventas en la calle le ayudaron a recolectar el dinero para comprarla. No gana mucho, pero al menos no está “trabajándole a los ricos y recibiendo humillaciones”.
No le gusta pedir nada, por esos trabaja y por lo mismo no tiene el carné de ventera, pues siente que al pedirlo es como si estuviera pidiendo una limosna del estado.

No le gustan las cámaras y cuando la van a entrevistar de Quibo o de la televisión, ella les huye, no sabe porque, pero las cámaras no le llaman para nada la atención.
Lo que más le gusta de trabajar en la calle es hablar con la gente, pues según ella, tiene muchos amigos. Por otro lado, a la hora de hablar de lo que menos le gusta dice que lo menos agradable de su trabajo es tenerle que correr a los de espacio público, “de resto todo me gusta”.
Hace 18 años Doña Luz Dary se casó con el padre de sus hijos pero hace 7 se separó y le tocó sacar adelante a sus hijos sola. Su hijo mayor logró terminar el bachillerato y actualmente tiene su propio hogar y trabaja en una fábrica de queso. Su hija solo estudio hasta noveno.
Doña Luz habla con entusiasmo sobre sus expectativas frente a sus ventas; “me quiero comprar un carrito de esos del Éxito”, la idea es surtirlo con más variedad de productos y empezar también a vender frutas. “Ese es mi sueño y lo voy a realizar”.
Doña luz seguirá vendiendo sus confites, sus tintos, sus papitas y sus cigarrillos en el parque de San Ignacio mientras los de espacio público no estén, ya se sabe los horarios en que ellos visitan el parque y eso le facilitará mucho sus ventas.



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