Que cada día sea mejor.

Con sus celulares atados al cuerpo permanece Helena Pérez todo el día. Ella vende minutos en el Parque Berrio de la ciudad de Medellín desde hace cuatro meses. Helena es una joven de no más de 25 años que hace 9 se vino desde Apartadó en el Urabá Antioqueño para buscar oportunidades en una ciudad ajena como le es Medellín, se vino con el que fue su compañero hasta hace varios años pero prefirió quedarse sola y actualmente vive con sus hermana y con su hija de 10 años.

Antes vendía todo tipo de mercancía en el centro de la ciudad, zapatos, sandalias, ropa, pero ese trabajo le dejaban menos dinero y le exigía más desplazamiento lo que hacía que terminara el día más cansada. Tenía que estar moviéndose de un lugar para otro porque no podía estar en el mismo sitio, los de espacio público no se lo permitían.

A la hora de contar que es lo más desagradable de trabajar en la calle dice que los de espacio público, ya que molestan mucho, “no me puedo sentar un instante en cualquiera de las bancas porque ahí mismo me hacen parar”. Por otro lado lo que más le gusta es aprender, Helena dice que en la calle se aprende mucho sobre la vida.

Helena solo estudio hasta 4° de primaria, la falta de recursos y su embarazo no le permitieron terminar sus estudios, por ello dice que es muy difícil encontrar otro empleo, pero que si lo encontrara no dudaría en cambiarse porque para ella lo más importante es ayudarle a su familia.

Con los minutos le va bien, gracias a toda la gente que transita por el Parque y le compra. Los días son muy buenos para ella y así, vendiendo minutos espera estar un día mejor porque “uno aspira a que mañana le vaya mejor que hoy”.

¡La foto, la foto!

En la actualidad, casi todos tenemos una cámara digital, pese a ello los fotógrafos de los parques se niegan a desaparecer. En Medellín es común verlos en el parque de San Antonio y en la Plazoleta de las Esculturas, lugar donde hay aproximadamente 40 fotógrafos. José Hugo Rojas es uno de ellos, lleva 40 años tomando fotos y lo ha hecho por toda Colombia.

A sus más de 60 años, don José se siente cansado y enfermo pero aún así, viene todas las tardes para ganarse algunos pesos con los turistas a quienes les gusta tomarse una foto y llevársela impresa. Las tarifas varían, pero lo normal es que una foto valga cuatro mil, dos por 7 mil y a veces hasta tres por diez mil, depende del día y de lo que se haya hecho hasta el momento.

Don José se casó en dos ocasiones y tuvo ocho hijos, viven el barrio Moravia, lugar al que le toca desplazarse algunos días a pie ya que no se consigue ni para el pasaje.

Hubo tiempos buenos para la fotografía, tiempos en los que algunos días se iba para su casa con 150 mil pesos por que le solicitaban muchas fotografías. Ahora el día que más se hace son 40 mil pesos, la competencia entre los fotógrafos y la tecnología han hecho que su oficio sea cada día más regular.

En la Plazoleta de las Esculturas hay muchos fotógrafos que no tienen necesidad de ir allí, según don José, algunos tienen casas y apartamentos alquilados y solo toma fotos para entretenerse y quitarles trabajo a los que han tomado fotos durante muchos años.

Por temporadas José Hugo cambia de oficio, trabaja en la construcción, pero los años y sus enfermedades han hecho que cada día más se refugie en su oficio, así no le sea muy rentable. Seguirá viniendo todos los días en las tardes para tomar algunas fotos y hablar con sus amigos y de paso ganarse algunos pesos que le sirvan para sobrevivir.

Ganas de crecer

Doña Luz Dary Gaviria habla un poco enredado, pese a ello, después unas palabras, su interlocutor es capaz de entenderle la mayoría de lo que dice. Tiene 40 años, gran parte de los cuales los ha dedicado a vender confites en los buses y a trabajar en casas de familia. Hace 7 meses consiguió un carrito de bebe el cual adecuo y llenó de confites, galletas, papitas y cigarrillos para vender en el centro de Medellín.
Doña Luz Dary llegó hace más de treinta años a Medellín, venía de la Guajira con su padre y ocho hermanos más. Se asentaron en esta ciudad porque acá vivía la abuela materna quien fue la que ayudó a levantar la familia, (la madre de doña Luz Dary la abandonó a ella y a su familia, estando todos muy pequeños).
Hace muchos años, cuando se inicio como ventera, lo hizo vendiendo chiclets y galletas en los buses. La primera vez que se subió a un bus no fue capaz de ofrecer sus productos, recuerda con risas que lo único que hizo fue reírse, “no me aguante las ganas de reírme”. No sabe cómo, pero ese día vendió todos los chiclets y las galletas y de ahí en adelante cogió confianza y desde entonces no ha parado de vender en la calle.
Con su carrito baja todos los días desde el barrio Villatina donde vive con su hija, su yerno y su nieto. No tiene carné de ventera por lo cual le toca correrle todo el tiempo a los de espacio público, eso la aburrió de los otros sectores del centro y por eso hace 2 meses se vino para el parque de San Ignacio donde “no la joden tanto”.
Su casa es de tablas pero propia, pues las ventas en la calle le ayudaron a recolectar el dinero para comprarla. No gana mucho, pero al menos no está “trabajándole a los ricos y recibiendo humillaciones”.
No le gusta pedir nada, por esos trabaja y por lo mismo no tiene el carné de ventera, pues siente que al pedirlo es como si estuviera pidiendo una limosna del estado.

No le gustan las cámaras y cuando la van a entrevistar de Quibo o de la televisión, ella les huye, no sabe porque, pero las cámaras no le llaman para nada la atención.
Lo que más le gusta de trabajar en la calle es hablar con la gente, pues según ella, tiene muchos amigos. Por otro lado, a la hora de hablar de lo que menos le gusta dice que lo menos agradable de su trabajo es tenerle que correr a los de espacio público, “de resto todo me gusta”.
Hace 18 años Doña Luz Dary se casó con el padre de sus hijos pero hace 7 se separó y le tocó sacar adelante a sus hijos sola. Su hijo mayor logró terminar el bachillerato y actualmente tiene su propio hogar y trabaja en una fábrica de queso. Su hija solo estudio hasta noveno.
Doña Luz habla con entusiasmo sobre sus expectativas frente a sus ventas; “me quiero comprar un carrito de esos del Éxito”, la idea es surtirlo con más variedad de productos y empezar también a vender frutas. “Ese es mi sueño y lo voy a realizar”.
Doña luz seguirá vendiendo sus confites, sus tintos, sus papitas y sus cigarrillos en el parque de San Ignacio mientras los de espacio público no estén, ya se sabe los horarios en que ellos visitan el parque y eso le facilitará mucho sus ventas.



¡Confites, cigarrillos: a la orden!

Soy de Nariño, un municipio del oriente lejano de éste departamento llamado Antioquia. Hace nueve años, por ciertas circunstancias de la vida llegue a Medellín, mi madre ya vivía acá, en el barrio Enciso. Estudie secretariado medico en uno de tantos institutos que hay, pero como en ese entonces era menor de edad, en ninguna empresa me dieron trabajo, por eso desde hace como ocho años vendo confites y cigarrillos en los parques de esta ciudad. No me pregunte la edad que con toda seguridad no se la voy a dar, calcule, tengo de 20 a 30.

Con esta canastica morada llena de chiclets, gomitas, mentas, confites de anis y cigarrillos salgo todos los días en compañía de mi mamá que también vende confites. Me va bien en éste trabajo, no me quejo, recorro todo el centro de Medellín, si, en éste momento estamos en el Parque Berrio porque está lloviendo, pero cuando me aburra me voy para otra parte, a donde llegue me va bien y no me pregunte cuanto me gano que yo no soy boba. Solo los bobos dicen cuanto se ganan y si el presidente de Epm dice que se gana 70 millones al mes es porque es un bobo. Uno nunca debe decir cuánto se gana, confórmese con saber que me va bien y que si de una empresa por acá en el centro me dijeran que me iban a pagar un mínimo porque fuera secretaria yo no aceptaría, ¿que por qué? Es que el trabajo de secretaria vale mucha plata, más del mínimo!.

Pero fuera de vender confites y cigarrillos también estudio belleza en la academia Mariela, la idea es terminar de estudiar y poder trabajar en eso, a mí me gusta.

Mientras hablo con usted, estoy dejando de vender y más ahora que está lloviendo y que hay tanta gente aquí debajo del Metro. Por eso le cuento todo rápido, no crea que estoy asustada, aunque puede ser, no lo conozco a usted.

Pero sabe que, mejor me voy, ya le colaboré, ah y me llamo Yesenia.

LOS NEGOCIANTES DE LAS CALLES

En Medellín hay miles de personas que a diario “se la rebuscan” en la calles, realizando todo tipo  de trabajos; vendedores ambulantes, tinteros, vendedores de minutos, lustrabotas y tantos otros oficios y trabajos que a diario son realizados en la calles como forma de conseguir algún dinero para poder subsistir en la ciudad, ciudad que a veces los mira con desprecio y hasta con rabia pero que a pesar de eso les da algo de dinero para comer y pagar un arriendo.